Cuando la única certeza es la incertidumbre

por Cristian Kuklis

El 65% de los jóvenes recientemente encuestados afirma que si el dinero no fuese una preocupación en sus vidas, no necesariamente ocuparían su tiempo en lo que lo invierten actualmente, sino que, en estricto orden del ranking de respuestas: en primer lugar viajarían y conocerían culturas diferentes y en segundo, trabajarían en “algo que les guste”.

En la misma sintonía, destacan las experiencias positivas de trabajo por sobre la retribución monetaria a sus esfuerzos. El dinero no figura en ningún ítem consultado como motivación ponderada al buscar un empleo, pero casi dos de cada tres jóvenes desearían que sus trabajos les permitiesen conocer otros países y culturas, y son contundentes en los atributos que buscan en un trabajo: Debe ser creativo, innovador y permitirles desarrollarse personal y profesionalmente. Es revelador que en una encuesta que busca identificar la empresa de los sueños, el 57% de los encuestados considere que ninguna compañia merece tan destacado atributo.

Para las nuevas generaciones, no hay, o no debería haber al menos, distinciones entre vida laboral y vida personal. Han crecido con la premisa de que “ser feliz” es una obligación y no un horizonte utópico e inocuo, lo cual justifica sobradamente la necesidad de que exista un real emparejamiento entre vida y trabajo. Pretender bienestar y plenitud en el ambiente laboral no es visto por los encuestados como un deseo exagerado que debe mantenerse en secreto. Al contrario, es una proclama válida, es una suerte de “Declaración de Principios”.

Es lógico que las presentes reflexiones de las nuevas generaciones impacten en los valores y creencias de las anteriores, que fueron formadas bajo premisas muy distintas. Durante mucho tiempo, la lógica de que el trabajo duro en la juventud y la adultez casi ineludiblemente permitía una vejez digna y sin sobresaltos fue absolutamente válida. No obstante, la máxima que proclamaba que el sacrificio del presente implica un futuro próspero y tranquilo fue jaqueada, y por consiguiente, los más jóvenes analizan con apatía y desconfianza cualquier indicio de supresión de la satisfacción en el ”aquí y ahora”, y expresan su deseo de sentirse plenos mientras trabajan, aprender de sus líderes y tener experiencias que los enriquezcan.

La única certeza para las nuevas generaciones que comienzan a dar sus primeros pasos en el ambiente laboral es que deberán lidiar con la incertidumbre. En el contexto actual no existe un camino certero y unívoco para lograr el éxito. No hay garantías de trabajos perfectos ni tampoco hay carreras universitarias que aseguren la felicidad. Es probable, como se expresa en la encuesta, que para la mayoría de los jóvenes ya no existan empresas con las cuales soñar ingresar a trabajar. Por lo tanto, un desafío atractivo y vital para las nuevas generaciones en el futuro es precisamente crearlas.

Director de Centras RH, Consultoría en Recursos Humanos.

Publicado en Clarín. Post original aquí.

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